2 nov. 2008

Toca Sonreír

Me desperté sobresaltado. Noté un escalofrío, me faltaba el nórdico que antes de caer rendido ante el sopor había colocado estratégicamente tapando mi cuerpo, desnudo. No tardé en descubrir la causa: él estaba a mi lado, dormido y tapado con la funda nórdica. La máscara que la anoche cubría mi cara transformándome en el Joker de Heath Ledger estaba medio reflejada en su cara, cansada y sumisa entre sueños. Me tranquilizó bastante despertarme en esas circunstancias después de lo que había soñado. Anoche una vez más los recuerdos volvieron a jugarme una mala pasada entre sueños. Me volvieron a hacer creer que la situación no era como yo creía; ese chico que hace un par de años cambió mi vida simplemente con aparecer en el momento menos esperado y vivir conmigo o, mejor dicho, dejarme vivir a su lado apareció una vez más como furto de mi imaginación, y esta vez fue diferente. Todas las personas que aparecieron en mi sueño parecían lanzarme constantes indirectas de que él me quería; me quería de verdad... Es la conclusión a la que la mayor parte de la gente llega cuando cuento mi historia. Pero esta historia, como todas, tiene dos mitades, la mía y la suya. Por lo tanto, al contar solo la mía es posible que se malinterprete. O eso quiero pensar.

Al salir de la ducha con su albornoz, después de un sinfín de chorros por todas partes, un tubo de sauna y litros de agua tintada de spray fosforito para teñir el pelo, me di cuenta de que el sueño no tardó en ocupar un segundo lugar en mi cabeza. O quizá un tercero. Sonreí. Sonreí porque, aún habiendo soñado con él como hacía ya tiempo que no me pasaba, esta vez no me importó. No le dí más importancia. Una muestra más del crecimiento personal al que dia a dia me veo sometido. Una muestra más de que el tiempo y la distancia curan las heridas. ¿Y si era él quien hace exactamente 28 días hizo un gesto de saludo tras tanto tiempo sin siquiera hablarnos? ME DA IGUAL.

Y entonces sonreí otra vez. Me vestí y, al salir a la calle se me ocurrió la idea de que, después de comer me apetecía sentarme a tomar un batido y seguir sonriendo. Y así fue. Batido de helado de plátano con trozos de fresa y yogur y buena compañía. ¿Qué más se puede pedir en un día de resaca como hoy?

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