28 nov. 2010

El de a propósito de Houston.

Colgados como en las películas, compartiendo amores fugaces y saboreando cada efímero calentón invernal. Cuando el frío ya calaba hondo en nuestros huesos resquebrajados, intenté preguntarme si toda aquella fugacidad se me escapaba de las manos. Las dosis de sin razón aliñaban las noches calentando mi dormitorio y acompañando a mi desvelo, cada día más azul. Una fuerte ráfaga helada de una madrugada charra cualquiera me sorprendió una vez más cruzándome conmigo mismo en los alrededores de Puerta Zamora. Nada por lo que luchar, y aún sigo aquí, bailando por tí.

Sin embargo, colgado del frío viento venía colgado un cuento que ni yo mismo entiendo del todo. Pero que consiguió cambiarme la hora y me hizo entender que no existe el tiempo perdido. Que solo quienes quieren, pueden. Cántame una canción de cuna antes de que me duerma esta noche o quizá todo se desvanecerá entre las reminiscencias de mi subconsciente incontrolado.

23 nov. 2010

El de las cosas que molan.

Saltar, gritar, correr, cantar. Como un loco, hasta bailar, subirse a los bancos, fumar por las calles en noches de invierno. Loquear, reír sin parar hasta que duelen las costillas, beberme las nubes en las noches de maniobras de escapismo. Que me traigan el cola-cao calentito a la cama y me arropen, que apaguen la luz y entornen la puerta antes de irse. Las tardes de café y conversación agradable, las noches de pinchos por Van Dyck y la música a todo volumen. El silencio de un dulce despertar, el lado frío de la almohada. Su sonrisa de bicho, picarona y satisfecha. Las horas de musas y las tormentas. Los cuartos de hora interminables, las buenas acciones del día y los platos delicatessen. Hasta los post-it ocultos, el gato que mueve el brazo así, los baños de espuma y cerveza, y el té de mandarinas. Que suene el telefonillo, las navidades en verano, palomitas en cartón, que me quieran un montón, y así hasta ciento.

16 nov. 2010

El de la extraña ilusión de ser.

Algo se sentía diferente en casa; ya no estaban las secas, así que había cosas que tenía que hacer. Me dirigí al dormitorio a sumergirme en drama. Media hora después cerré la puerta del dormitorio tras de mí, dejando pegada en su sitio nuestra photofinish. Supongo que así son las cosas, tampoco se está tan mal aquí. Es hasta monótono, como volver a las andadas.

Ahora, tras haber dormido lo suficiente, ya va tocando darse una ducha de meteoros, que estamos como paralizados. Después, a sopesar. ¿Qué caerá esta noche? Puede que Inglorious Bastards en VO, puede que unos cosmopólitan, tal vez cita con el vecino, quizás... La vida no espera por nosotros, lo aprendí no hace mucho del chico que coleccionaba oportunidades y que acabó largándose con una de las mías. Claro que él, todavía no lo sabe. Y yo, sopesando. Siempre.

[Dejo un par de retratos de los días de lluvia y las noches de besos al fotógrafo aquí.]

12 nov. 2010

El de las patadas al contenedor.

Diversas desavenencias; las tuyas sin pena ni gloria aunque deplorables. Las mías, sabe dios. Me ví excluído del tema cuando fuiste tú quién me lo recomendó. Como fue una pena el día en que tus locuras se volvieron desavenencias. Debe ser todo cuestión de solvencia, y me cago en la puta (todos nosotros sabemos quién es más puta, sarcasmos aparte) y me vuelvo a cagar. En todo lo que haces cuando crees que ya no estoy, que ya me he ido, cuando me pides cosas. Las que ya no puedo darte por mucho que quiera, porque tú solo buscas estar bien, y yo busco más.

5 nov. 2010

El de la noche en que debería haber estado viajando y sus consecuencias.

¿Quién reharía su maleta porque su viaje se retrasase 24 horas? La respuesta es muy sencilla, solo alguien a quien esas 24 horas de espera le hayan cambiado el Norte y el sentido por completo. Olvidar conlleva a la ingenuidad, perdonar no es mi fuerte. No hasta que no reconozco mi culpa. ¿Porqué no la veo por ningún lado? En definitiva, ¿Cuál es la solución? Todavía no me he ido y ya estoy empezando a ver las consecuencias de mis primeras 24 horas fuera. Pues vaya. 

En menos de una hora comienza de nuevo un viaje hacia mis adentros. Para profundizar, valorar, darme cuenta de todo aprovechando la distancia. Tengo miedo de lo que puedas hacerme esta noche en mis pensamientos, me duele sentirme así de vulnerable. ¿Qué hago?

4 nov. 2010

El de las frases inconexas que para mí tenían sentido.

Deja que te coja, sin olvidar esos momentos más intimamente yonkies, de los mejores. Camarero, un vaso de leche bien fría con cacao mental, remuévalo con un no tan antiguo archienemigo y desayuno completito. Consumir preferentemente con croissant relleno de chocolate. El asunto de los temores, vaya por dios, yo nunca los vencí. Y por las noches, quitaremos pafuera las telarañas, que Halloween ya se acabó, que nuestras órbitas han vuelto a chocar, que todos salimos virando aleatoriamente del epicentro. Y punto. Jo, lo siento, me tengo que ir, serán solo unos días en casa.Y si podemos, de noche un ratito, justo justo antes de dormir, nos recordaremos el uno al otro, en nuestras cabecitas locas. Que me voy, que ya me he ido. Que ya he vuelto. Que sí, que sí, que a tu lado como un crío.  

Estreno apartado de música y de imágenes. Un par de temas objectivos y las fotos de la fiesta de Halloween en el Castillo de la Muerte, el hada de la Muerte y el (literal) "Marica del Siglo XVII"