27 jun. 2009

Meticuloso delirio

Nada más entrar en el bar me encendí un cigarrillo y fui directo a la barra a demandar una copa de buen ron. Desde allí veía todo el local, así que aproveché para buscarle. Encontré su pelo de sutil matiz rojizo y bajo éste su espalda, una camiseta blanca con una sugerente mancha color coca-cola fruto, pensé, del estado de embriaguez de cualquier desconocido. Quería, podía y hasta quise no poder; cuando me quise dar cuenta ya estaba frente a él y, pues, frente a la tentación.

Recordé entonces cuando sin apenas conocernos nos cruzamos por la calle del Obispo Jarrín, recordé cómo meses después apareció en mis sueños. Recordé como sin planearlo demasiado la luna de una noche de primavera nos pilló besándonos en la misma calle, en el mismo sitio donde nos vimos por primera vez. Solo entonces, antes de recordar el incidente con mis gafas o el momento de despedida en el que prometí volver a vernos, habíamos salido del bar. En vez de mirar la mancha de su camiseta había algo en él que una vez más me impedía fijarme en otra cosa. ¡Joder, otra vez no! Estábamos fuera, fumándonos algo, volviéndonos a besar. Esta vez la luna era mucho más veraniega a pesar de la lluvia, era pleno Junio y recé por poder pasar una noche junto a él por cada estación del año, aunque solo sumasen 4 al año.

Esta vez fueron la Plaza de las Platerías y sobre todo su fuente los testigos presensiales del delirio de jadeos y mordiscos por el cuello en el que nos involucramos por una noche. Le dejé en su casa sano y salvo y antes de deambular hasta encontrar dónde dormir le pedí otra noche sin esperar respuesta. Me fui. Él no lo sabe, o no del todo; Quiero volverle a ver.

19 jun. 2009

Boom

Ayer exploté; tenia demasiadas cosas en la cabeza, cosas de las que no me había desahogado y evitándolas me ahogaron, me hicieron estallar en infinitas lágrimas a las 8.30 de la mañana. LLoré durante un buen rato, mi hermana se asustó pero después comprendió que era todo de la borrachera, menudo ciego anoche, menuda liamos. Estallé, lloré, me desahogué. Ya estoy en casa y me queda todo un verano por delante. Promete. Y mucho.