24 feb. 2011

El de los peros de febrero.

Tarde o temprano, 1999 se desvanece, liquida su deuda con los anhelos y las oportunidades perdidas, te deja un calorcito en el cuerpo difícil de despegar. Terminaba Febrero cuando entendí que lo verdadero es un momento de lo falso, que no hay pecado que no tiente, que estábamos tan cerca pero. Decidí correr y esconderme, refugiarme, alejarme, nunca es una buena idea, pero siempre está entre las opciones. El delirio me sorprendió horneando muffins de la risa en mi pequeña cocina sin ventana. La noche me gritaba desde el otro lado de la calle que ya era hora de salir a jugar, yo quería dejarme dejar, pero. Siempre había peros en Febrero.

8 feb. 2011

El de 1999

Nos reencontramos por ventura de su subconsciente. Allí quieto, apoyado en una puerta, yo le estaba observando dentro de su sueño. Fuera de éste, las cosas eran completamente inversas, así que le regalé un par de imágenes mentales consecutivas para endulzar los primeros días de un gélido febrero que venía cargado de sinrazón y desatino y lo dejó bien claro de antemano. Mientras tanto, a cientos de kilómetros los cristales se resquebrajaban, las ventanas estallaban, los cristales llovían, sonaba 1999 de Love Of Lesbian y todo parecía salpicado por letras de Balmes; todo apuntaba a un futuro segundo asalto, tal vez lejano e incierto. Quise rodar mi vida en exteriores, puse rumbo fijo y volví a donde solíamos gritar y noté clavada en cada uno de mis músculos la mirada de la gente que conspira. Cuando emprendí el camino de vuelta solo quería meterme en la cama y no despertar hasta no haber despejado la mente.
Horas después, sin haber querido calcular cuántas, abrí los ojos. Allí estaba, en mi bandeja de entrada. Y remezclada. La llamaban Club de Fans de John Boy y venía con fuerzas suficientes para. "Yo no soy fan... Yo no soy fan..." ¿Que no? Los cojones.

3 feb. 2011

El de una canción del Яevés.

Cambio radiación por ataques al corazón. Interesados, a la calle Valencia. Nada como un buen solaco en toda la cara para recordarme que lo mejor está aún por llegar, no encuentro mis ganas de desayunar, te las debes haber llevado en el bolsillo de tus vaqueros negros. Las cosas funcionan mejor con precaución, propongo colocón como colofón, tira de la solapa de mi sonrisa y hallarás un montón de sinrazón acumulada; deudas que ni el tiempo ni el espacio pueden borrar de un plumazo. ¿Puedes oír esa canción? El grupo se llama Febrero, y vienen pisando fuerte. Lo tuyo me viene de muerte, como nunca antes, quizás.
Hoy me deslizo sobre una canción, probablemente una de las más del revés que existen en el mundo mundial. Sus acordes se me han grabado en la mente, como huellas dactilares en tu espalda, como garras de animal. Me hago un rincón bajo su falda, me cuelo en su instinto más carnal. Mas no esperéis comprenderlo si no sabéis escuchar; no basta con oír y prestar atención, hay que meterse en la canción, viajar a través de ella, saberla tomar, como quien toma a un amante con el mayor de los anhelos. Solo así viajaréis con los compases, solo de este modo sabréis entenderlos.
Creo que sí, que es esa la sensación. Que si desnudos fumando a solas sobre el colchón ponéis ese tema y lo procesáis con cautela, exhalando los problemas y liberando el estrés notaréis sin duda lo que es el estado del Яevés.