31 oct. 2010

El del pequeño experimento sensorial.

Dicen que los labios se enriquecen con cada boca que besan, que en función del número de veces que hayan mantenido contacto irascible con otros labios, tendrán un tamaño, grosor y textura concretos. Y en verdad dicen tantas pamplinas que uno ya no sabe qué creer. El reloj no se detiene nunca, y no estamos como para fiarnos de lo que dicen sin tener pruebas sensoriales de ello. Experimentales, me refiero. De un tiempo a aquí escucho (incluso) más música (si cabe) que antes. Porque al final, lo único que nos queda son recuerdos hechos canciones, la música es lo último. La recopilo en listas a las que aprecio como si de réquiems se tratase, y que apenas cesan de sonar por todo mi apartamento. Siempre me ha gustado ponerle banda sonora a mi vida, y ahora también a tus labios. No sé si han crecido o engordado, mermado, cambiado. Solo sé que están en su punto justo. Y esas son mis únicas pruebas, las sensaciones.


En el fondo, es un poco SU CULPA.

26 oct. 2010

El del día en que te invité a dormir y no pudiste.

¿Dónde te has metido hoy? Creo haberte visto esta tarde en mi té de mandarinas, y te he imaginado enroscado en mi lengua con sabor a Chupa Chups de cereza relleno de chicle. Si me apuras, te he visto hasta en los Danone. Los vecinos no dejan de hacer ruidos, me voy a tumbar. A saborear, a la reminiscencia mental de tus locuras y más. Me gusta salir a la calle solo y de noche, de incursión, sin más abrigo que tu sonrisa cubriendo mis espaldas. Me gusta porque siempre vuelvo a casa con una moraleja; la de esta noche es que no tenemos remedio. Y al llegar un Cola-Cao calentito, que siempre reconforta. Esta noche haré zapping, ¿Tienes pensado salir en la tele?

25 oct. 2010

El del miedo a lo desconocido (Runaway)

De episodios piloto de mi vida y de la tuya, de como todo empezó cuando ni siquiera éramos capaces de verlo venir. El simple hecho de saber que no fui el único al que todo esto le pilló de imprevisto me despertó una mañana de Octubre con las ganas de. Escaleras por doquier y yo en descendencia a través de ellas. La vida se siente mucho más intensa cuando bajas a la calle con una sonrisa de idiota y sonríes a la gente, y hablas por los codos con camareras, tenderos y demás personal.

Durante aquellos días con sabor a final de mes, esperaba impaciente el momento de verlo precipitarse hacia la tierra como una bola de fuego procedente de quién-sabe-dónde. Y para endulzar mi espera, recibí noticias inesperadamente expectantes de la única persona que supo ayudarme en su día a afrontar los restos del naufragio, los restos que el Tornado había dejado tras de sí. Solo una palabra en mi mente, aquella que me acompañaba allá donde iba: Runaway, o el miedo a lo desconocido.

Así que decidido, me levanté de la cama con la intención de poner en orden una y mil cosas. He barrido unos cuantos monstruos de debajo de mi cama, y he cambiado las sábanas. Me pregunto a quién olerán esta vez.

21 oct. 2010

El de la siesta inoportuna.

Sobresalto en mi dormitorio con interjecciones múltiples. En estos días huele un poco a fantasmas del pasado, a miedos infantiles que te ponen en tu sitio, y a mañanas heridas. Como estas cosas que sabes que llegarán pero no ves el momento, y empiezas a ansiar. Que mis amigos nunca duermen. Y yo solo quiero que todo siga como hasta ahora por siempre. Momentos en la vida que merecen la pena, que te hacen entender que puedes conseguir lo que te propongas, que eres lo que piensas, y sientes lo que quieres. La vida nos sorprende viéndonos en el papel de quien un día se comportó con nosotros de una forma poco agradable. Y tomamos aire para asumir que nos hemos convertido en lo que no quisimos en nadie para nosotros. Una primera vez especial, una vez que no sabía tan a última como debía. Todo cambia, cambia nada. Que nadie cambie lo que soy.

14 oct. 2010

El del juego con un nombre graciosísimo.




Transcurría el tiempo por el salón de mi casa a cámara rápida, prácticamente podía ver como una cámara de vigilancia pasada en fast motion ridiculizaba cada uno de mis movimientos. Y sin embargo ni explicación aparente, me sentía plenamente lleno. Durante los primeros días de Octubre aprendí un juego que acerté en bautizar con un gracioso nombre que mejor, me guardaré para mí y mis adentros más metafóricos. Tampoco explicaré sus reglas porque lo único que se necesitaba eran astucia y moral, y algunos jugadores pecaron en la partida final de no cumplir los requisitos, o cuanto menos, de haberlos olvidado en sus casas. El asunto es cuestión es que aprender a salir victorioso de una partida como aquella merecía una celebración a la altura, y como no iba a ser menos, ya estaba yo pensando en homenajearme a mi manera. 

Desde entonces las noches sin aquel nutritivo snack que tanto disfruté no son lo mismo, mi dormitorio se ve más vacío que de costumbre y en mi cabeza la incertidumbre me plantea esta cuestión: ¿cuántas noches hacen falta para echar a los fantasmas y poder, al fin gritar que aunque no me lo esperaba llegaste puntual y entraste sin llamar? Casi tantas como para borrar de mi cabeza aquella noche en que me susurraste al oído qué era lo que más te apetecía en aquel momento, me respondo extasiado. 

Desde entonces, y aunque suene algo raro, no dejo de preguntarme cuál será la mejor manera de recuperar una bufanda. Eso y lo de "¿Habré perdido el rumbo?" cuya respuesta solo sabes tú.

Desde entonces, y hasta este preciso momento, se mezclan mi humo y el viento mientras creo verte pasar. Solo pienso en esperar, a que el viento se lleve mientras exhalo todas esas cosas que yo por mi parte, les he perdonado ya. 




4 oct. 2010

Solo quiero serlo.

La primera noche se vio fundida bajo un manto de nerviosismo. ¿Nervioso yo? ¿Porqué iba a estarlo? Lo de aquella noche no fue más que un instante y solo pasó en mi cabeza. Aunque si que sentía una cierta tención en el ambiente; las piezas iban recuperando sus posiciones iniciales, bienvenido de nuevo invierno y mis planes no fallan. Justo cuando empezaba a divagar en mi cabeza de un cuarto movimiento sísmico al que decidí dar el sobrenombre de Maremoto por razones más-que-obvias, volví a verme inmiscuido de lleno en la estrepitosa vida charra. En una muestra más de que lo ocurrido se hace pasado en un chasquido, decidí aprovechar las oportunidades que el destino me estaba brindando, dejando siempre claros unos puntos concretos.Todo eran ganas de intentar por esta vez, aunque el ambiente sabía a veneno. Ácido, corrosivo, pero tan tentativo y pecaminoso... En el fondo, todo estaba empezando con buen pie; todo.

Después, noches intangibles sucesivamente satisfactorias, otras tantas de cena para uno y película. Siempre he pensado que los paquetes de palomitas de microondas no contienen suficiente para dos, y siempre acabo estallando maíces con los dientes. Es, para mi, una de las 100 sensaciones más placenteras, junto al olor a canela, o el sentimiento del primer día de clase. El caso es que me sentía tan vivo y tan pleno que todavía no comprendía porqué.