9 may. 2013

Siempre he sido de los del buen pensar, de quienes toman su pasado como historia, la suya propia, y crecen con cada punto de giro de la trama. O al menos, lo era hasta el día en que todos mis títulos decidieron comenzar por "El de..." y de que la letra R de la palabra 'Revés' decidió hacer acopio de su nombre. Sin embargo no he dejado de escribir esta, mi trama mayor, la mía propia. Todo comenzó como comienzan las cosas que realmente importan, sin que uno se dé cuenta, en un amanecer de copiosa lluvia de la que tuve que volver desde el centro corriendo a refugiarme, tras el tedioso anhelar y exhalar en la ventana de mi dormitorio de las afueras, con la cabeza colgando hacia afuera, empapada y dando vueltas tras las últimas dos cervezas, y el disco 'Perfect Symmetry' sonando de fondo. Llevaba apenas unas semanas en la ciudad, y era tan ingenuo como parecía; si me hubieran anticipado tan solo uno de los capítulos que redactaría durante los siguientes meses, hubiese creído que era ficción. Y nada más lejos de la realidad, todas y cada una de ellas, historias, fueron vividas y narradas como tal, con los puntos sobre sus íes y abuso del punto y coma, sinrazón de por medio. Muchas veces a modo de brainstorming, tantas otras como maniobra de escapismo o mecanismo de reacción, el resto, tal vez, tan solo por contar. Y casi todas escritas antes de la hora de comer, como preludio de lo que estaba por venir.