29 jun. 2010

Inicios de verano

De forma lenta e ininterrumpida las sensaciones se sucedían como un lunes a un domingo. Divagando por los rincones de mi mente, intentaba aferrarme al último recuerdo cálido y húmedo en la cama hasta que llegase el siguiente; únicamente éste podía hacerme dejar de pensar en el anterior. Esa era la fuerza cíclica que gobernaba mis días, aunque los anhelos se intensificaba, más aún si cabe, al llegar la noche. Las posibilidades se sabían lejanas aunque certeras, y otra vez ese pensar. Era el momento de hacer algo, de encontrar algo. Y como cabía esperar, este algo no llega cuando lo buscas, sino cuando más desprevenido estás. Las madrugadas me sorprendían en pleno intento desesperado de aferrarme a sabe-dios-qué o quién. No me importaba, en el fondo sabía de sobra lo que andaba buscando tanto como sabía cuánto tardaría en aparecer: el tiempo que necesitase hasta rendirme. Mientras tanto, días de playa, noches de autosatisfacción, hogueras de San Juan y muchas cosas que recordar de fiestas que resultaban inolvidables.

14 jun. 2010

Tornado, Huracán, Terremoto.

Primero fue el tornado, arrasó mi mundo dejando tras de si devastadoras consecuencias. Al principio no pude verlo venir, y no quise reconocerlo; estaba cegado. Creo que fue ahí cuando todo comenzó, es decir, cuando las cosas por fin cambiaron, cuando abrí los ojos. Sonaba Love Is The End, todo parecía perdido, divagué mucho y giré con el compás que el tornado me había marcado, como dejándome llevar por las últimas corrientes de aire que dejó nuestra despedida final. Si el destino estaba escrito, el nuestro se redacto por separado, dejando diversos sinsabores a lo largo del tiempo, cada vez menos, espero. Como todo buen tornado, con él aprendí que en esta vida hay círculos viciosos que te absorben hacia su punto central, y que las personas no son nunca lo que parece. Me enseñó el respeto y el romanticismo que nunca antes había comprendido entre dos personas del mismo sexo. Luego, se fue. A girar a alguna otra parte, supongo.

Recuerdo luego una turbia recuperación, marcada por la influencia de los daños colaterales pero adulterada con las sagradas dosis sinrazón y el frenesí de la libertad sexual. Noches dispares, otros cuerpos y tactos. Cuando quise darme cuenta, estaba de nuevo metido de lleno entre fenómenos sísmicos y demás parafernalia. Llegaron entonces el huracán y sus locuras. No tan devastador, pero con él era imposible no darse cuenta de las reminiscencias del primero, tornado y huracán. Me parece que al final se acabaron haciendo amigos y todo. Y yo que me alegro. El cambio llegó con la oportunidad, huracán y yo éramos felices a ratos, que eran muchos. Y luego había muchas otras cosas, más allá de lo que cualquiera de los dos podía comprender por aquel entonces. Tiempo después de separarnos, hará más o menos un año, todavía dolían muchas cosas. Una noche de septiembre se nos convirtió en mañana tras meses sin vernos. Recuerdo que huracán me habló entonces de lo que estaba por llegar e intenté negarle la evidencia. Creo que se ven venir entre ellos.

La llegada del terremoto coincidió prácticamente con la marcha de su predecesor hacia el noreste.Tal como estaba previsto. Entre ambas borrascas, un despejado verano me sirvió para darme cuenta de muchas cosas. Durante esos meses me dieron clases de desconfianza, trampas y engaños. Y gracias a dios, suspendí. Disfruté sin complicarme demasiado los días, la verdad es que lo pasé cojonudo y cargué las pilas al máximo; sabía lo que estaba por llegar, esta vez creía estar preparado. Con el terremoto exploré el mundo del placer como nunca antes se había escrito. No dejaré de recalcar lo irascibles que eran nuestros cuerpos en contacto, y cuántas emociones se podían llegar a experimentar al mismo tiempo. Valores como compañerismo, devoción y constancia fueron la tónica dominante durante nuestra intensa convivencia. Aprendí que el amor tiene mil formas, y que mil cosas se llaman amor. Él las tenía prácticamente todas, quzá era demasiado para mí. Sin saber cómo ni porqué, los primeros descompases. Y sin apenas darnos cuenta, entendimos lo que nos había pasado cuando quizá ya era un poco tarde. Aunque no lo suficiente como para ser nosotros mismos, con nuestros más y nuestros menos, y saber seguir respetando todos y cada uno de nuestros dogmas. El tiempo se nos ha acabado, al menos por ahora. Supongo que este punto y final significa terminar otro capítulo.

10 jun. 2010

Two Parties Ending

Antropológicamente desganado, me entretenía jugando a proponer locuras. Algunas de ellas se cargan de morbo y ganas, y se llevan a cabo. Sabían las horas a esperanza, los párpados pesados por la carga consecuente. De forma semi inconsciente decía, jugaba, preveía. Y de repente todo, y te ves escogiendo y piensas ¡Qué putada! Y te escondes muy discretamente una carta.Y entonces el verano te sorprende con los pantalones por los tobillos y el resto del panorama. Luego nada. Luego te vas, o mejor dicho, vuelves. Mientras tanto, lo que surja.


7 jun. 2010

Nos faltaron empatía e ilusión a partes iguales. Nos centramos demasiado en otras cosas que nos hacían felices a corto plazo. Nuestro recuerdo del otro nos evocaba entre sábanas y sudor, donde los besos eran más apasionados y las sensaciones, imprevisibles. Fuera de éstas nos queríamos, pero algo se sentía fallido. Las más de mil pecas en el terreno de juego son de lo poco que queda hoy en día para numerar. De forma irrisoria, casi paulatina, empecé a notar que nos perdíamos aunque todo siguiese aparentemente igual. Cuando una mañana desperté a su lado comprendí que las tornas habían girado, que todo aquello que habíamos construido juntos no crecía; los tiempos cambiaron, y nosotros cambiamos con ellos. Comenzaron entonces a sobrar impactos, como sobró efusión a primera vista. Como sobraron las múltiples citas textuales. No supimos mantener una constancia, aquello empezaba a parecer competencia desleal.

Tiempo después extrañé nuestras pieles en contacto, el arder de nuestros roces irascibles. Más incluso de lo que esperaba. Te eché de menos a ti en todos y cada uno de los sentidos. Comprendí lo que significaba una pequeña pérdida y asimilé por fin que no tuvimos toda la culpa. Por aquel entonces solo quedaba saber levantarse y continuar disimulando los daños, que ya se sabían colaterales.






De amaneceres quebradizos y pasos constantes a ritmo de un domingo, cuanto menos, especial. Desde mi ventana del número 23 de Federico de Onis casi puede olerse la playa, suena el traqueteo de una cuenta atrás que sabe a salitre con un ansia casi delirante. Vuelve ese sentimiento de cambio latente, se puede contar con las manos el escaso intervalo que queda para la vuelta. Y podría cortar con tijeras el ambiente, desde luego. Tan solo queda resolver a una pregunta clave: ¿Y ahora, qué?

2 jun. 2010

Escondía mil deliciosas maneras de quemar el tiempo en el bolsillo interior de su cazadora de cuero. Cuando empezaron los días calurosos y el desenfreno acechaba en la esquina siguiente, decidió pasarse a las camisetas, dejando en casa la chupa y todo lo que sus bolsillos antes habían ofrecido. De todas maneras no era una apuesta segura, su pasado salía a relucir cada vez más, y con él suelto los demás estábamos a cubierto. Sus miradas furtivas de confianza repentina y sus vaqueros rotos se sentían a veces huidizos, como recordando las heridas internas que el tiempo todavía no le había curado. Creo que aquella era la razón principal por la que esas heridas no fueron curadas por mi saliva. No era alguien que no te dejase actuar, ni mucho menos, pero algo en él te mantenía alerta y te hacía no pegarte demasiado. Pero eso no quiere decir que no le tuviese un gran aprecio, tanto como para obviar mi instinto y tratarle como lo que más merecía entonces; un amigo.