23 sept. 2010

Septiembre (II)

Como hojas que danzan al viento así os recogerá el tiempo y os hará rodar, y rodar, y rodar...
Las ganas de volver a empezar y esta vez a lo grande podían conmigo. Mientras calculaba con los dedos de las manos, la mirada se me perdía entre el vaivén de cosas vistas, por ver, caóticas. Si me hubiesen preguntado hacia dónde iba durante aquellos días, hubiese respondido que aunque no lo sabía con certeza podía casi palparlo. A intervalos de lluvia y aparente calma y entre calada y calada, los días pasaban por mi erosionando mis ganas sin llegar a mermarlas. Aquel final de Septiembre tenía fuerza de por sí solo, y todos podíamos salir disparados en cualquier momento. -¿Qué es esto? - Me preguntaba mientras sentía temblar el suelo; -Oh, no, dime que esto no es algo sísmico.-

Vistas desde playas astrománticas me recordaban que en mi camino me quedaban demasiadas cosas por vivir hasta llegar hasta el punto que, por fin, conseguí fijar en mi cabeza. En mi barca solo hay hueco para quien quiere remar a mi ritmo.

16 sept. 2010

Septiembre

Miles de sentimientos contradictorios peleaban por hacerse con el control de mi estado de ánimo, y yo solo sabía seguir caminando hacia delante, sin pararme demasiado con ninguno de ellos para no salir peor parado. La vida se dedicó a darme lecciones de madurez cuando septiembre y su "oh dios mio" me rodeaban, así de sopetón. Yo me deleitaba a ritmo de blues en algún bar dejado de la mano de Dios, apurando un cigarrillo y alimentándome de una cuenta atrás que semejaba no acabar nunca. Me entretenía viéndome a mi mismo bajar corriendo por las escaleras desde un quinto piso lleno de disonancias rítmicas, pensando en que el surrealismo se había adueñado de mi vida desde la raíz. Por aquel entonces no cubría ni la mitad de mis necesidades primordiales, pero las sabía suplir para no darme cuenta. No demasiado. La vida a veces es mucho más simple sin tener en cuenta más variables de las estrictamente necesarias, y al aplicar esto a mis circunstancias lo volvía a poner todo patas arriba. Algo en mi cabeza no cesaba su grito desesperado, pidiendo atención primaria mientras las variables no cesaban sus movimientos imprevisibles. A mí todo aquello me volvía más loco de lo habitual; pero por alguna clase de suerte, algo en mí me obligaba una vez más a seguir adelante con lo que se pusiese en medio de mi camino hacia ninguna parte. Durante aquellos días, hubiese regalado hasta mis principios a cambio de una pequeña dosis de seguridad en mi mismo. Temblaban mis sentidos desde la primera vez que ingería líquido tras levantarme, y no cesaban hasta quedarme placenteramente dormido. Solo había algo que quería hacer, y era llegar a casa cuanto antes para tomar el último respiro. 





9 sept. 2010

Fruto seco.

Catorce minutos de intensidad después de tantos y tantos días con sabor a sin rumbo consiguieron definitivamente darme el respiro que necesitaba; si algo había de hacer, qué menos que intentar ponerle remedio. Sus palabras se tatuaron en mi hipotálamo una vez más, marcando los pasos que iba a seguir, convenciéndome de nuevo de que AQUELLO era lo que debía hacer. Da igual si esta vez AQUELLO no tenía nada que ver con la última vez que me lo recomendó, yo supe llamarle en un momento clave y él sorprenderme una vez más. Acto seguido decidí meterme en la ducha; aún no era demasiado tarde, y la dicha era cojonuda. Aunque por una razón o por otra, todavía no conocía tal dicha. Él tampoco, y es de suponer que cuando volvamos a vernos, tendré cosas más importantes que contarle. Simplemente han sido catorce minutos de auténticas nueces de macadamia, y me han encantado.