4 may. 2011

El de la paja mental.

Como cuando se te mete una idea en la cabeza y no hay nada que consiga quitártela, Mayo apareció cargado de cosas que guardar, de gestos desinteresados en un baile de máscaras. Regarlo todo bien con alcohol, un excelente lubricante social. Porque resulta que la frase "maldita dulzura" no era tan nueva como la pintaban, y hubo que hacer un reajuste de cuentas. De quioscos que no duermen, o más bien de volver a dormir a su lado, de besarle uno y otro costado, de besos que no se venden. Sea como fuere allí estábamos, dispuestos y predispuestos, la pureza no era por aquel entonces sino la peor de nuestras perversiones. Nuestras mentes, animales, perdidas en el país de los edredones que atesoran cuerpos desnudos y velan sus sueños, no siempre nítidos. Risas profundas perseguidas por jadeos, susurros que forman espirales y se sumergen en su oído saltando desde el lóbulo. Y luego perder el habla, solo saber fumar tras haber firmado con mis uñas en su espalda. Morderle una nalga. Ser lo que piensas y sentir que le quieres. 

4 comentarios:

Jon dijo...

me pones.
los pelos
de punta.

Borja dijo...

INCREÍBLE
Sobre todo de la mitad al final...

Lucía dijo...

Me encanta tu blog! te sigo desde hace tiempo! te invito a pasar por el mio http://lasabiduriadelarana.blogspot.com/ Un besito! :)

Miguel Sánchez Ibáñez dijo...

In crescendo :)