9 may. 2011

El de cuando Mayo no marcea, pero febrerea.

Giraba la vida con frenesí, lo hacía también con ilusión; que ya lo decía Calderón, que toda la vida es sueño y los sueños... pues eso, sueños son. Y con respecto a los sueños yo prefería escuchar a Jack Johnson, porque él siempre tenía droga para mis oídos, y me excitaba la simple idea de tirarme en la cama, desnudo, a escuchar alguno de sus discos, o todos juntos. Tras una calada profunda se me daba por pensar que si hace días que no paraba de escribir como un loco, que me había obsesionado con la narrativa imperfecta, y mil y un manías más que yo consideraba que me hacían ser quien era. Pero ¿quién era yo, en el fondo?. La respuesta era tan sumamente compleja que comprendí entonces que quizá nadie llegase a conocer nunca la historia entera de mi vida, o como ya me habían acostumbrado a llamarla, mi telenovela.

Todo esto venía de los sueños, pero no los de Calderón, ni los de Jack Johnson, ni los de nadie. Bueno sí, bueno, a ver, ya me entendéis. Los sueños que Mayo trajo a mi vida, que en vez de mantenerme en vilo me atrapaban y me obligaban a vivirlos, a verlos enteros como si fuesen largometrajes. Y hay veces que a uno le gustaría parar un sueño a la mitad, darle a stop y quitarlo, porque hay cosas que es mejor no ver. Pero como no hay bien que por mal no venga (porque lo digo yo y punto), por aquel entonces había más sueños, de esos de darle al pause y no querer que se acaben nunca. A pesar de unos y de otros, yo vivía mis días con los pies pegados al suelo, sin un euro en el bolsillo pero con munición. Ya lo decía yo, que hay que joderse con Mayo, pero hay que ir apañando.

1 comentario:

Anónimo dijo...

be gusta bucho Gui :)