5 nov 2010

El de la noche en que debería haber estado viajando y sus consecuencias.

¿Quién reharía su maleta porque su viaje se retrasase 24 horas? La respuesta es muy sencilla, solo alguien a quien esas 24 horas de espera le hayan cambiado el Norte y el sentido por completo. Olvidar conlleva a la ingenuidad, perdonar no es mi fuerte. No hasta que no reconozco mi culpa. ¿Porqué no la veo por ningún lado? En definitiva, ¿Cuál es la solución? Todavía no me he ido y ya estoy empezando a ver las consecuencias de mis primeras 24 horas fuera. Pues vaya. 

En menos de una hora comienza de nuevo un viaje hacia mis adentros. Para profundizar, valorar, darme cuenta de todo aprovechando la distancia. Tengo miedo de lo que puedas hacerme esta noche en mis pensamientos, me duele sentirme así de vulnerable. ¿Qué hago?

4 nov 2010

El de las frases inconexas que para mí tenían sentido.

Deja que te coja, sin olvidar esos momentos más intimamente yonkies, de los mejores. Camarero, un vaso de leche bien fría con cacao mental, remuévalo con un no tan antiguo archienemigo y desayuno completito. Consumir preferentemente con croissant relleno de chocolate. El asunto de los temores, vaya por dios, yo nunca los vencí. Y por las noches, quitaremos pafuera las telarañas, que Halloween ya se acabó, que nuestras órbitas han vuelto a chocar, que todos salimos virando aleatoriamente del epicentro. Y punto. Jo, lo siento, me tengo que ir, serán solo unos días en casa.Y si podemos, de noche un ratito, justo justo antes de dormir, nos recordaremos el uno al otro, en nuestras cabecitas locas. Que me voy, que ya me he ido. Que ya he vuelto. Que sí, que sí, que a tu lado como un crío.  

Estreno apartado de música y de imágenes. Un par de temas objectivos y las fotos de la fiesta de Halloween en el Castillo de la Muerte, el hada de la Muerte y el (literal) "Marica del Siglo XVII"

31 oct 2010

El del pequeño experimento sensorial.

Dicen que los labios se enriquecen con cada boca que besan, que en función del número de veces que hayan mantenido contacto irascible con otros labios, tendrán un tamaño, grosor y textura concretos. Y en verdad dicen tantas pamplinas que uno ya no sabe qué creer. El reloj no se detiene nunca, y no estamos como para fiarnos de lo que dicen sin tener pruebas sensoriales de ello. Experimentales, me refiero. De un tiempo a aquí escucho (incluso) más música (si cabe) que antes. Porque al final, lo único que nos queda son recuerdos hechos canciones, la música es lo último. La recopilo en listas a las que aprecio como si de réquiems se tratase, y que apenas cesan de sonar por todo mi apartamento. Siempre me ha gustado ponerle banda sonora a mi vida, y ahora también a tus labios. No sé si han crecido o engordado, mermado, cambiado. Solo sé que están en su punto justo. Y esas son mis únicas pruebas, las sensaciones.


En el fondo, es un poco SU CULPA.

26 oct 2010

El del día en que te invité a dormir y no pudiste.

¿Dónde te has metido hoy? Creo haberte visto esta tarde en mi té de mandarinas, y te he imaginado enroscado en mi lengua con sabor a Chupa Chups de cereza relleno de chicle. Si me apuras, te he visto hasta en los Danone. Los vecinos no dejan de hacer ruidos, me voy a tumbar. A saborear, a la reminiscencia mental de tus locuras y más. Me gusta salir a la calle solo y de noche, de incursión, sin más abrigo que tu sonrisa cubriendo mis espaldas. Me gusta porque siempre vuelvo a casa con una moraleja; la de esta noche es que no tenemos remedio. Y al llegar un Cola-Cao calentito, que siempre reconforta. Esta noche haré zapping, ¿Tienes pensado salir en la tele?

25 oct 2010

El del miedo a lo desconocido (Runaway)

De episodios piloto de mi vida y de la tuya, de como todo empezó cuando ni siquiera éramos capaces de verlo venir. El simple hecho de saber que no fui el único al que todo esto le pilló de imprevisto me despertó una mañana de Octubre con las ganas de. Escaleras por doquier y yo en descendencia a través de ellas. La vida se siente mucho más intensa cuando bajas a la calle con una sonrisa de idiota y sonríes a la gente, y hablas por los codos con camareras, tenderos y demás personal.

Durante aquellos días con sabor a final de mes, esperaba impaciente el momento de verlo precipitarse hacia la tierra como una bola de fuego procedente de quién-sabe-dónde. Y para endulzar mi espera, recibí noticias inesperadamente expectantes de la única persona que supo ayudarme en su día a afrontar los restos del naufragio, los restos que el Tornado había dejado tras de sí. Solo una palabra en mi mente, aquella que me acompañaba allá donde iba: Runaway, o el miedo a lo desconocido.

Así que decidido, me levanté de la cama con la intención de poner en orden una y mil cosas. He barrido unos cuantos monstruos de debajo de mi cama, y he cambiado las sábanas. Me pregunto a quién olerán esta vez.