28 nov. 2010

El de a propósito de Houston.

Colgados como en las películas, compartiendo amores fugaces y saboreando cada efímero calentón invernal. Cuando el frío ya calaba hondo en nuestros huesos resquebrajados, intenté preguntarme si toda aquella fugacidad se me escapaba de las manos. Las dosis de sin razón aliñaban las noches calentando mi dormitorio y acompañando a mi desvelo, cada día más azul. Una fuerte ráfaga helada de una madrugada charra cualquiera me sorprendió una vez más cruzándome conmigo mismo en los alrededores de Puerta Zamora. Nada por lo que luchar, y aún sigo aquí, bailando por tí.

Sin embargo, colgado del frío viento venía colgado un cuento que ni yo mismo entiendo del todo. Pero que consiguió cambiarme la hora y me hizo entender que no existe el tiempo perdido. Que solo quienes quieren, pueden. Cántame una canción de cuna antes de que me duerma esta noche o quizá todo se desvanecerá entre las reminiscencias de mi subconsciente incontrolado.

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