4 oct. 2010

Solo quiero serlo.

La primera noche se vio fundida bajo un manto de nerviosismo. ¿Nervioso yo? ¿Porqué iba a estarlo? Lo de aquella noche no fue más que un instante y solo pasó en mi cabeza. Aunque si que sentía una cierta tención en el ambiente; las piezas iban recuperando sus posiciones iniciales, bienvenido de nuevo invierno y mis planes no fallan. Justo cuando empezaba a divagar en mi cabeza de un cuarto movimiento sísmico al que decidí dar el sobrenombre de Maremoto por razones más-que-obvias, volví a verme inmiscuido de lleno en la estrepitosa vida charra. En una muestra más de que lo ocurrido se hace pasado en un chasquido, decidí aprovechar las oportunidades que el destino me estaba brindando, dejando siempre claros unos puntos concretos.Todo eran ganas de intentar por esta vez, aunque el ambiente sabía a veneno. Ácido, corrosivo, pero tan tentativo y pecaminoso... En el fondo, todo estaba empezando con buen pie; todo.

Después, noches intangibles sucesivamente satisfactorias, otras tantas de cena para uno y película. Siempre he pensado que los paquetes de palomitas de microondas no contienen suficiente para dos, y siempre acabo estallando maíces con los dientes. Es, para mi, una de las 100 sensaciones más placenteras, junto al olor a canela, o el sentimiento del primer día de clase. El caso es que me sentía tan vivo y tan pleno que todavía no comprendía porqué.

1 comentario:

El Ser Bohemio dijo...

No es demasiado importante el porqué si nos sentimos plenos. hermosa entrada que tengas una buena semana. Saludos

http://el-ser-bohemio.blogspot.com