14 oct. 2010

El del juego con un nombre graciosísimo.




Transcurría el tiempo por el salón de mi casa a cámara rápida, prácticamente podía ver como una cámara de vigilancia pasada en fast motion ridiculizaba cada uno de mis movimientos. Y sin embargo ni explicación aparente, me sentía plenamente lleno. Durante los primeros días de Octubre aprendí un juego que acerté en bautizar con un gracioso nombre que mejor, me guardaré para mí y mis adentros más metafóricos. Tampoco explicaré sus reglas porque lo único que se necesitaba eran astucia y moral, y algunos jugadores pecaron en la partida final de no cumplir los requisitos, o cuanto menos, de haberlos olvidado en sus casas. El asunto es cuestión es que aprender a salir victorioso de una partida como aquella merecía una celebración a la altura, y como no iba a ser menos, ya estaba yo pensando en homenajearme a mi manera. 

Desde entonces las noches sin aquel nutritivo snack que tanto disfruté no son lo mismo, mi dormitorio se ve más vacío que de costumbre y en mi cabeza la incertidumbre me plantea esta cuestión: ¿cuántas noches hacen falta para echar a los fantasmas y poder, al fin gritar que aunque no me lo esperaba llegaste puntual y entraste sin llamar? Casi tantas como para borrar de mi cabeza aquella noche en que me susurraste al oído qué era lo que más te apetecía en aquel momento, me respondo extasiado. 

Desde entonces, y aunque suene algo raro, no dejo de preguntarme cuál será la mejor manera de recuperar una bufanda. Eso y lo de "¿Habré perdido el rumbo?" cuya respuesta solo sabes tú.

Desde entonces, y hasta este preciso momento, se mezclan mi humo y el viento mientras creo verte pasar. Solo pienso en esperar, a que el viento se lleve mientras exhalo todas esas cosas que yo por mi parte, les he perdonado ya. 




2 comentarios:

Clementine dijo...

Bonitas palabras.
Adoro la carretera de tu foto! Carreteras laargas e interminables
:)

perhaps dijo...

"¿cuántas noches hacen falta para echar a los fantasmas y poder, al fin gritar que aunque no me lo esperaba llegaste puntual y entraste sin llamar? Casi tantas como para borrar de mi cabeza aquella noche en que me susurraste al oído qué era lo que más te apetecía en aquel momento, me respondo " Muy bonito:) Y la foto, preciosa!

Yo aveces confundo el vapor del aire que respiro en invierno con su silueta.

unbeso!