7 jun. 2010

Nos faltaron empatía e ilusión a partes iguales. Nos centramos demasiado en otras cosas que nos hacían felices a corto plazo. Nuestro recuerdo del otro nos evocaba entre sábanas y sudor, donde los besos eran más apasionados y las sensaciones, imprevisibles. Fuera de éstas nos queríamos, pero algo se sentía fallido. Las más de mil pecas en el terreno de juego son de lo poco que queda hoy en día para numerar. De forma irrisoria, casi paulatina, empecé a notar que nos perdíamos aunque todo siguiese aparentemente igual. Cuando una mañana desperté a su lado comprendí que las tornas habían girado, que todo aquello que habíamos construido juntos no crecía; los tiempos cambiaron, y nosotros cambiamos con ellos. Comenzaron entonces a sobrar impactos, como sobró efusión a primera vista. Como sobraron las múltiples citas textuales. No supimos mantener una constancia, aquello empezaba a parecer competencia desleal.

Tiempo después extrañé nuestras pieles en contacto, el arder de nuestros roces irascibles. Más incluso de lo que esperaba. Te eché de menos a ti en todos y cada uno de los sentidos. Comprendí lo que significaba una pequeña pérdida y asimilé por fin que no tuvimos toda la culpa. Por aquel entonces solo quedaba saber levantarse y continuar disimulando los daños, que ya se sabían colaterales.






4 comentarios:

Ángel Martínez dijo...

Ooooh! Que bonito *_*
Estás hecho un artiiiiishta!!

Anónimo dijo...

Desde luego tu forma de escribir es original y muy bonita, ánimo brother! :)

Javier dijo...

Escribes de lujo, Guille.

Clementine dijo...

Que bonito, y qué triste.
Te sigo :)
Un beso