7 jun. 2010

De amaneceres quebradizos y pasos constantes a ritmo de un domingo, cuanto menos, especial. Desde mi ventana del número 23 de Federico de Onis casi puede olerse la playa, suena el traqueteo de una cuenta atrás que sabe a salitre con un ansia casi delirante. Vuelve ese sentimiento de cambio latente, se puede contar con las manos el escaso intervalo que queda para la vuelta. Y podría cortar con tijeras el ambiente, desde luego. Tan solo queda resolver a una pregunta clave: ¿Y ahora, qué?

1 comentario:

dame pistachos dijo...

Aha! Ahora qué?? Pues ahora todo, todo y todo. Qué menos!