28 abr. 2011

El de el día que dejó de llover (o cómo secar el cielo) II

Cumplía doscientas locuras y tenía que celebrarlo, sin contárselo a nadie. Y de ahí un arrebato, un grito que salió de dentro y que quería decir lo que quería, que me liberó y me hizo entender muchas cosas. Seguro de mi mismo y del cambio que mi vida dio días antes de aterrizar en Ciudad Infancia, cerrado el chiringuito por vacaciones, terminaría yo por entender la situación en su totalidad una vez que experimentase sus efectos secundarios. Al principio todo fue un sol que se hizo efímero, porque luego llegó la lluvia, que duraría hasta bien entrada la noche del sábado; entonces todo comenzó a secarse mientras nosotros quemábamos las suelas de nuestros zapatos en cualquier rincón de SalaKarma. Cuando salimos, atónitos ante la nueva realidad que se nos planteaba, el intenso amanecer despejado confirmó lo que sospechábamos. Desde entonces todo fue sol de nuevo, un sol abrasador que me sostenía, dándole equilibrio a mis días. La eterna pregunta, que ahora me voy, que ahora me quedo, que ahora me vengo. En una semana tan llena de eventos a mi solo me interesan dos; y volverte a ver es el principal de ellos.

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