9 feb. 2010

Durante esos días contemplé nevar y llover como hacía tiempo. El modo automático se vio obsoleto ante un eminente cambio. La crisis me alcanzó de lleno a finales de Enero, cuando apenas quedaba tiempo para remediar nada. No me dio tiempo ni a coger mis cosas, ni siquiera a preguntar. Una vez más, las circunstancias dieron un brusco giro, poniéndolo todo patas arriba y noqueándome a mí sin piedad. A partir de entonces comenzó otra vez el proceso de intentar dejar pasar los días para evaluar los daños y repararlos en la medida de lo posible con algo de lucidez.

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