21 abr. 2009

Horas muertas

Qué bien viene desconectar. No hacer nada pero en el fondo hacer cosas. Me da igual la productividad de mis actos mientras mis palabras y sentimientos sigan siendo tan reconfortantes. Aprender no es tan difícil como lo pintan, y en estos días voy haciéndolo, poco a poco. A conocerme, a conocerles y a tenerles calados. A mí mismo es mucho más complicado aunque me voy cogiendo el tranquillo. A través de las horas muertas, del ruido de máquinas, coches y a través de la música y la literatura que en estos días copan el imparable tiempo. Durmiéndome temprano y, por ello, madrugando. Y con todo el tiempo que con ello consigo me entretengo en la cocina con sofritos, papas y tortillas. Algunas mañanas me gusta salir a dar un paseo, a ver a la gente e imaginarme sus vidas, a encontrarme a mí mismo mirándome de frente en cualquier escaparate y a decirme que debería engordar un poco más y volver al gimnasio. Porque he aprendido que no hay mejor madre que uno mismo y para ello aquí estoy, para seguir adelante; ¿Qué te queda al fin y al cabo sino tú mismo?

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