17 ago 2010

Idas, venidas y vueltas.


Dicen que quien no arriesga, no gana. Por alguna extraña razón y sin yo saber porqué, algo en mi me impulsaba a retirar mis apuestas de la mesa, retrocediendo un saltito de cuando en vez. Mis pistas eran inconclusas y mi rastro, incalculable. Los primeros dias de Agosto me arrastraban en su interminable baile de fiesta, cruzando la estrecha línea que me separaba de las campanadas de la torre del reloj de aquella ciudad en la que, si soñaba, era con él. Entre anhelos y llamadas perdidas inesperadas de algunos a los que consideraba fuera de juego, me distraía con tal de no tener que responsabilizarme demasiado con nada. Las ganas de volver hacían ahora el trayecto opuesto al que solían llevar, y para no variar, esto lo dejaba todo del revés. El reloj avanzaba imparable, con el rumbo fijo hacia lo que una vez más acerté en llamar choque frontal. Esta vez triple.  


3 ago 2010

Lunes de resaca múltiple.

Pasaban escasos minutos de media noche cuando creí notar tu presencia en mi habitación. Me levanté de la cama y asumí que echo de menos tu grandilocuencia, tus sonrisas furtivas y tus pantalones de pijama por dentro de los calcetines. Salí a la ventana a escuchar una canción que me recordase a tí, me encendí un cigarrillo y me pregunté seriamente porqué las cosas nunca salieron como preveíamos. Divagando entre recuerdos creí volver a notar tu presencia, y entonces me quedé embobado mirando a la luna; recordé que si el universo quiso que estuviésemos juntos, la reminiscencia de esos días será lo que haga de nosotros dos hombres que se quieren y se querrán a pesar de los pesares. Cómo echaba de menos la sensación de sentir mi cuerpo sumergido, casi tanto como, ahora que la tengo, te extraño a tí. Me conformo con las dosis de positivismo con toque romantinostálgico en días como hoy, de doble resaca física, mental y sentimental.


23 jul 2010

Bedroom Fears


Sus piernas amordazaban mis sentidos, no tenía escapatoria y supe verlo desde el primer instante. Tras asumirlo, lo que restaba era contemplar hechizado como poco a poco iba poseyéndome, como si se tratase de un encantamiento. Bebía los vientos por ser el primero en quién pensase cada mañana, el último recuerdo de cada fatídico día de su vida. Las cartas sobre la mesa, claras y sin trampas; estábamos varados de lleno un juego de seducción y aquel era mi turno, o por lo menos así lo esperaba. Impredeciblemente blandió su lengua contra la mía callando con ella mis quejidos ahogados. Ambas se fundieron en el más ardiente de los besos, y la sensación de euforia y calentón recorrió mi cuerpo desde los pies hasta el último pelo de mi cabeza. Para entonces ya no había escapatoria, solo quedaba continuar la partida.



20 jul 2010

La brisa marina despuntaba en el calendario los días de un verano que ya no sabía a cuenta atrás. Mientras todos se bañaban en el mar y poco antes de unirme a ellos, me preguntaba qué estaba pasando conmigo. Reía, buceaba, bailaba los palos del diablo y me quedaba haciendo el muerto sobre el Atlántico. No quería parar, o más bien no podía.  Cada oportunidad me sabía sin sentido o me resultaba poco rentable. No podía calcular mi siguiente movimiento hasta que no avanzaba y todo parecía un poco mundano. Durante aquel caluroso Julio nunca quise hacerte entender lo que te echaba de menos porque ni siquiera yo podía cuantificarlo. Y en vista de que había que "vivir juntos, morir solos" decidí que era el momento de espabilar. Prosiguió mi marcha al compás del ritmo veraniego en cuanto terminaron estas palabras.

6 jul 2010

Windowpain

La melodía se me vino a la cabeza de súbito antes de alcanzar el meridiano exacto de nuestra conversación. Neones que rozan la piel y dolor destilado son dos de las sensaciones que me sugería aquel trágico ratito que nos estábamos dedicando, muy poco para contar demasiado. Ella me decía que ya no lloraba. Al otro lado del teléfono un par de lágrimas rondaban mis mejillas; una por el tiempo que no supe estar a su lado, otra de impotencia. Allí sentado al resguardo del viento marinero y de un implacable sol de 5 de la tarde perdí cualquier control sobre el habla, o lo que es lo mismo, las palabras. En su voz, a gritos se oía el llanto desesperado de cuanto todo está al revés. Una inquietante tranquilidad en ella se me hacía hasta aterrador, anticipando un grado de dureza. Ya no creía tanto en el potencial de su sonrisa, que antaño había sido anhelo de tantos. Todo apuntaba directamente a una conclusión: volvíamos a necesitarnos el uno al otro, pero esta vez cambiando los papeles. Sabía a impotencia la certeza de que en un tiempo se me haría imposible verla, y amargas las posibilidades.