17 ago. 2010

Idas, venidas y vueltas.


Dicen que quien no arriesga, no gana. Por alguna extraña razón y sin yo saber porqué, algo en mi me impulsaba a retirar mis apuestas de la mesa, retrocediendo un saltito de cuando en vez. Mis pistas eran inconclusas y mi rastro, incalculable. Los primeros dias de Agosto me arrastraban en su interminable baile de fiesta, cruzando la estrecha línea que me separaba de las campanadas de la torre del reloj de aquella ciudad en la que, si soñaba, era con él. Entre anhelos y llamadas perdidas inesperadas de algunos a los que consideraba fuera de juego, me distraía con tal de no tener que responsabilizarme demasiado con nada. Las ganas de volver hacían ahora el trayecto opuesto al que solían llevar, y para no variar, esto lo dejaba todo del revés. El reloj avanzaba imparable, con el rumbo fijo hacia lo que una vez más acerté en llamar choque frontal. Esta vez triple.  


1 comentario:

Nat dijo...

Oh Dios! yo también me tiré por la tirolina de Lourido!