21 nov. 2011

El de la fórmula de parar el tiempo.

Como yo decía, a veces solo es cuestión de tiempo, de dejar que la vida pase hasta encontrar una casualidad. Lo sorprendente de esta historia es que latía por si misma, salpicándolo todo de verdes y azules, de mensajes oscuros, humo de incienso y calor de velas. Que si treguas, que si bomberos, que si vectores, mordiscos y conquistas de estómago, si a mediados de aquel no tan lluvioso Noviembre algo tenía yo claro es que estaba encantado con todo. Y aunque mi inspiración intentaba escapar de una jaula piramidal, una vez de noche, cuando yo estaba solo en la cama, se sentaba a mi lado para acariciarme con una pluma y susurrarme melodías a piano. A veces, muy bajito, yo cantaba con ellas de fondo, y aunque no quisiera darme cuenta, alguna de ellas quería decir mucho más de lo que yo era capaz de escuchar por aquel entonces. Con la caída del sol, despacio y sin hacer ruido, me escabullía por la puerta de cristal a sentir el frío desde los pies hasta la cabeza, a fumarme algún recuerdo hallado en el fondo del bolsillo de una vieja cazadora, o simplemente a añorar una espalda que recorrer con mi lengua. Esperaba en el balcón, con una R en la garganta, bien prominente, exhalando mil y un cosas de esas que a uno le gustaría cambiar. ¿Que a qué esperaba? Eso mismo me preguntaba yo, mientras dejaba dejarme dejar. Como cuando viene el karma y te da una pequeña patadita, y te encantaría quejarte pero sabes que no puedes, el sol entrando por la persiana me levantó un lunes con resaca emocional, sensacional. Fascinante, vamos. Mis licencias y yo nos levantamos, nos vestimos íntegramente de negro y salimos hacia la facultad, café en mano y cigarrillo en la otra, a enfrentarnos al día a día. Y la moraleja del asunto, no busquéis tres pies al gato, ni busquéis en Google la fórmula para parar el tiempo. No aparece, es una fórmula más secreta que la de la Coca-Cola.

1 comentario:

tom dijo...

me encanta poder por primera vez entender todas tus metaforas como si mias fueran.