15 mar. 2011

El de cuando las cosas van bien.

El cóctel fue brutal, la resaca duraría casi una semana. Solo cuando pude curarme de la mayor de las locuras comprendí lo que estaba sucediendo. Para entonces yo tenía la mente y la polla funcionando a marcha fija, con un rumbo semiestablecido a través de una promesa con una fecha de caducidad tan exacta que no quería imaginarme el simple hecho de verla llegar. Por decirlo de otro modo, sonreía por primera vez en mucho tiempo, casi el triple de lo moralmente permitido. Algunas veces eran carcajadas, otras suspiros con sonrisa entre apasionados besos. Hasta me sorprendí riéndome solo ante el espejo, desnudo ante un grisáceo martes, justo antes de entrar a la ducha. Solo me apetecía hacer las cosas bien y perderme en el mayor de los delirios al mismo tiempo. Tan inmensa era mi pequeña contradicción. 

Yo tan solo era un hombre en busca de su palabra, como Julia Roberts viajando a Bali. El sol de Marzo trajo consigo a mi memoria todo lo que creía ya olvidado; ilusión, morbo, ganas. Los rayos con los que el cielo nos obsequiaba alguna que otra tarde eran síntoma de vida; solo queríamos salir, ser jóvenes, quemar las calles, fundirnos entre el empedrado de las calles a base de ápices sueltos de amor fugaz, acallar el ruido de los coches con diálogos de películas de los 90. Como quien no quiere la cosa, la inspiración volvía a entrar por la ventana de mi dormitorio alguna que otra noche, y me elevaba sobre mi cama mientras la luz en el baño y el sonido de la ducha se sentían sugerentes. Entre los muros de mi casa y poniendo banda sonora a tantas y tantas sensaciones, discos destacados como "My Beautiful Dark Twisted Fantasy - Kanye West", "Hands All Over - Maroon 5" o "Tourist History - Two Door Cinema Club". Sobre mi vida un halo de esperanza. Ante mis ojos, una puerta abierta hacia la libertad. 


1 comentario:

Jon dijo...

quiero la llave de esa puerta.






(sipuedeser)