12 abr. 2010

Reflexión

¿Cómo te despides de alguien sin el cual no puedes vivir? Yo no me despedí, no dije nada; simplemente me fui. Cuando esa noche terminó, crucé la acera por el lado más ancho, me encendí un cigarrillo e intenté de forma desesperada dejar de pensar. Aunque sabía que las cosas cambiarían a raíz de mi marcha, y aunque la gente de mi alrededor no supiese nada. Cuando quise darme cuenta estaba ya en mi casa. Una sensación de desorientación me invadía por dentro, me encontraba sumido en la oscuridad de mi dormitorio y la única luz allí dentro era de un rojo intenso. Pretendí no perder la calma, visionando así en mi cabeza el momento en el que mis pasos me alejaron de una persona a la que había querido tanto. Realmente no sabía qué hacer. Fue entonces cuando lo vi encima de la mesa, mi cuaderno dorado y todas sus páginas en blanco. Busqué casi a tientas una pluma, un par de mudas de ropa y mis principales efectos personales. De pronto estaba de nuevo en la calle, llovía de una forma copiosa, casi monótona. Mi cerebro estaba en plena combustión, no era capaz de controlar apenas mis movimientos. Los pasos perdidos me llevaron hasta la plaza central, donde me detuve en seco a intentar una toma de control sobre mí mismo. Allí, completamente calado, comprendí que era inútil, que la mejor opción no era huir del problema, sino enfrentarse a él. Pero no me creía capaz ni de empezar. No sentía fuerza alguna en mi cuerpo, ni siquiera un ápice de esperanza. Mi mundo había cambiado de una forma tan radical que creía que lo más conveniente era comenzar de cero, volver a nacer para entender la vida sin él. Fue entonces cuando algo en mí me hizo entender que con el paso del tiempo estaría mucho mejor, que reconstruiría mi vida obviándole a él y a todas sus caricias. Volví a emprender el paso, más consciente de por dónde iba hasta llegar a ver el mar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Tenemos algún tipo de conexión? Mientras yo pienso, tu escribes? Me siento muy tú, muchas veces. Mismas sensaciones, mismos sentimientos...

No dejes de escribir.

Natalia M.