18 mar. 2009

El conejo blanco

Ya lo veía yo venir; todo, pero no tan pronto. Ahora mismo me bloqueo en el recuento de horas que quedan hasta llegar a casa y me pierdo al intentar decidir cuales de ellas emplear en reordenar un poco la 406 y hacer la maleta. Mi estado de ánimo es un balance entre las ganas de ver cómo han cambiado estos 2 meses a gente a la que quiero tanto y el desánimo de dejarme en Salamanca la razón más vital para respirar que he encontrado por casualidad y no quiero dejar atrás. Y esta sensación es la que me mantiene realmente bloqueado. No tengo el día para buscar al conejo blanco, hoy en el país de las maravillas me convierto en conejo blanco yo mismo y salgo corriendo a toda prisa porque llego tarde. Aunque yo me sentaría con el sombrerero a tomar una taza de té y a gritar ¡GATO! para que se monte el percal en busca de la jalea. Hay que liarla, siempre.

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