16 mar. 2009

MADrid


Sonreí. Era lo más oportuno, la sonrisa salió de mi como acto reflejo y no pude contenerla; fue algo instantáneo. Seguí bajando escalones de la boca de Metro y mis pensamientos se desvanecieron una vez más entre escaleras mecánicas. Estos 4 días cargados de ese surrealismo que choca contra el suelo y se hace trozos de realidad me han servido (como todo en esta vida) para encuentros, reencuentros y desencuentros. Aprovechable para aprender de errores, pero también de aciertos, atrevimientos y osadías varias. Siempre sacando partido a todo, empeñado en demostrar tantas cosas. Luces, humo, sombras, caras conocidas, ron y el olor que percibes cuando te sientes como en casa. Viví un nuevo intento fallido de insurrección de la vitrocerámica rosa fuxia y me encontré en situaciones tan embarazosas en las que no pude parar de repetir las mismas frases quedando de necio. Mi teléfono en un WC, sin retorno; lo único que hace después del chapuzón es vibrar sin parar, creo que está compinchado con la vitrocerámica. Bajo los fusibles y decido que la oscuridad es lo que pega en ese momento. Salgo al balcón y con Vetusta Morla sonando a todo trapo disfruto calada a calada del bohemio barrio de La Latina. No todo fueron caras de boniato, también hubo muchas risas.

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