31 may 2010

La canción más fea del mundo

Bebía a intervalos de tres noches por semana, procurando que éstos cuadrasen consecutivos. Salía a bailar buscando el agotamiento, llegando a mi habitación sólo con fuerzas suficientes para desnudarme antes de cerrar los ojos. Me cruzaba conmigo mismo en el camino de vuelta a casa, atónito, que siempre coincidía con las primeras luces del día. Las noches sabían a soledad y a sinrazón en la medida de lo razonable; dolía notar media cama vacía. Los anhelos y pesadillas que amenazaban mis horas rara vez eran descargados. Prefería digerirlos para no sentirme más solo, para no sentirme peor. A veces hasta me identificaba con la gente que me miraba, sintiendo como podía a mirarme a mí mismo desde sus ojos, ajenos a todo lo que rondaba mi cabeza.



Hay que llamar a las cosas por su nombre; esto acabó en el momento en que empezó.

26 may 2010

Salir del paso


Buscaba con empeño un solo matiz que me decantase ante una solución u otra planteándome un conflicto. Como simplicidad y complicidad se unen formando un cóctel homogéneo, es tan sencillo alcanzar la perfección si pones el empeño suficiente que luego siempre acabas olvidando que el empeño hay que mantenerlo, aumentarlo de forma gradual hasta conseguir una estabilidad, en otras palabras cuidarlo. Y viene la hostia cuando nos cruzamos con los primeros daños colaterales, la primera noche sin dormir o la preocupación y la agonía. Los celos, la pérdida de paciencia en demasiadas situaciones... cuando tienes la hostia delante estás suficientemente cegado por creerte que llevas la razón como para no verla venir. Te miras al espejo y piensas, ¿porqué no lo evité cuando pude?. Terminas por digerir tus errores, por y para ello te tomas tu tiempo y cuando quieres darte cuenta estás ante un reproche. ¿Reproches, aún encima? Es entonces cuando recurres a las dosis de sinrazón, al retorcido sabor de la soledad a pequeña escala, al arte contemplativo. Te cuesta entender que ya no queda tiempo, que la fugacidad está empezando a comerse a tu sombra. Te das cuenta de que no queda otra opción, vuelve a ser lo de siempre.
"Y una vez más asimilas, digieres, no te quedas parado, sobrevives; sales del paso".

25 may 2010

Love Is The End

Esta vez fui yo quien se tumbó en la cama para poner las cosas en orden, descubriendo una vez más porqué nunca quise entrar en el juego. Porque no hay cosa más dolorosa que saberse perdedor de éste, porque nada jode más que sentirse tan destrozado. Nada me hace sentirme peor, me quita las ganas de todo, me deja sin fuerzas para intentar salir del paso.

24 may 2010

Las consecuencias catastróficas de un Domingo Astromántico cualquiera

Al día siguiente se levantó pronto aunque luego volvió a acostarse. Se planteó tomarse la vida con calma, ir resolviendo sus problemas por tandas y con toda la tranquilidad del mundo. Se prometió a si mismo no alterarse y mantener un hilo de sencilla continuidad durante las horas de sol. Pero en cuanto éste se puso, se vio a sí mismo descargando toda la rabia contenida a golpes con todo lo que se interponía en su camino. Al ver el desastre que había causado se echó a llorar, se pensó a sí mismo como la frustración personificada. Entonces no le quedó otra opción que volver a desnudarse, todavía llorando por haber fallado a sus propuestas del día anterior en menos de 24 horas.

23 may 2010

Domingos astrománticos

Abrió la puerta de su habitación y la cerró de un portazo. Acto seguido miró a su alrededor y encontró varios objetos sobre los que descargar su ira a base de golpes, pero entonces la parte racional de su persona le frenó ante la necesidad de hacerlo. En lugar de eso, se sentó en la cama, se quitó la camisa y sintió como la rabia contenida y la impotencia le hacían un nudo en el estómago. Antes de que esa sensación empezase a carcomer sus entrañas se levantó de un salto casi desesperado para abrir las ventanas de par en par. El tono grisáceo del cielo no sugería nada más que tristeza, que era precisamente de lo que estaba intentando huir. Desabrochó lentamente los botones de sus vaqueros negros. Fue entonces cuando lo escuchó; un trueno retumbó por toda la ciudad, y a éste le siguieron otros tantos. Allí sentado en la mesa, casi desnudo, quiso desaparecer por un rato. Agotado, desencajado por los acontecimientos de sus últimas semanas, sin apenas darse cuenta dirigió sus pasos hacia el baño y se metió en la ducha. El chorro de agua helada apenas le hizo reaccionar, por lo menos durante los primeros minutos. Cuando el frío había calado profundamente en sus huesos no pudo evitar reconocer lo perdido que estaba. A diferencia de otras veces, el siguiente paso a dar era para él una verdadera incógnita. A pesar de todo decidió no agravar más el asunto. O por decirlo de una manera más concisa, decidió una vez más dejar los problemas tras de sí, huyendo una vez más de éstos, que se juntaron a los anteriores y a los abuelos de los mismos. Al secarse se miró al espejo, y con un peine de púas finas trató de despejar su cara, peinando sus cabellos hacia atrás. Al salir del baño para cerrar las ventanas vio que el cielo había dado una tregua, que el sol luchaba por despejar los nubarrones. Desamparado ante semejante cúmulo de circunstancias adversas, se sentó en la cama, encendió un cigarrillo y dio un profundo trago a su jarra de agua, fría también. Y al hacerlo cerró los ojos apretando con todas sus fuerzas los párpados e intentó encontrar algo de lo que tirar para seguir hacia adelante.