Sobresalto en mi dormitorio con interjecciones múltiples. En estos días huele un poco a fantasmas del pasado, a miedos infantiles que te ponen en tu sitio, y a mañanas heridas. Como estas cosas que sabes que llegarán pero no ves el momento, y empiezas a ansiar. Que mis amigos nunca duermen. Y yo solo quiero que todo siga como hasta ahora por siempre. Momentos en la vida que merecen la pena, que te hacen entender que puedes conseguir lo que te propongas, que eres lo que piensas, y sientes lo que quieres. La vida nos sorprende viéndonos en el papel de quien un día se comportó con nosotros de una forma poco agradable. Y tomamos aire para asumir que nos hemos convertido en lo que no quisimos en nadie para nosotros. Una primera vez especial, una vez que no sabía tan a última como debía. Todo cambia, cambia nada. Que nadie cambie lo que soy.
21 oct 2010
14 oct 2010
El del juego con un nombre graciosísimo.
Transcurría el tiempo por el salón de mi casa a cámara rápida, prácticamente podía ver como una cámara de vigilancia pasada en fast motion ridiculizaba cada uno de mis movimientos. Y sin embargo ni explicación aparente, me sentía plenamente lleno. Durante los primeros días de Octubre aprendí un juego que acerté en bautizar con un gracioso nombre que mejor, me guardaré para mí y mis adentros más metafóricos. Tampoco explicaré sus reglas porque lo único que se necesitaba eran astucia y moral, y algunos jugadores pecaron en la partida final de no cumplir los requisitos, o cuanto menos, de haberlos olvidado en sus casas. El asunto es cuestión es que aprender a salir victorioso de una partida como aquella merecía una celebración a la altura, y como no iba a ser menos, ya estaba yo pensando en homenajearme a mi manera.
Desde entonces las noches sin aquel nutritivo snack que tanto disfruté no son lo mismo, mi dormitorio se ve más vacío que de costumbre y en mi cabeza la incertidumbre me plantea esta cuestión: ¿cuántas noches hacen falta para echar a los fantasmas y poder, al fin gritar que aunque no me lo esperaba llegaste puntual y entraste sin llamar? Casi tantas como para borrar de mi cabeza aquella noche en que me susurraste al oído qué era lo que más te apetecía en aquel momento, me respondo extasiado.
Desde entonces, y aunque suene algo raro, no dejo de preguntarme cuál será la mejor manera de recuperar una bufanda. Eso y lo de "¿Habré perdido el rumbo?" cuya respuesta solo sabes tú.
Desde entonces, y hasta este preciso momento, se mezclan mi humo y el viento mientras creo verte pasar. Solo pienso en esperar, a que el viento se lleve mientras exhalo todas esas cosas que yo por mi parte, les he perdonado ya.
4 oct 2010
Solo quiero serlo.
La primera noche se vio fundida bajo un manto de nerviosismo. ¿Nervioso yo? ¿Porqué iba a estarlo? Lo de aquella noche no fue más que un instante y solo pasó en mi cabeza. Aunque si que sentía una cierta tención en el ambiente; las piezas iban recuperando sus posiciones iniciales, bienvenido de nuevo invierno y mis planes no fallan. Justo cuando empezaba a divagar en mi cabeza de un cuarto movimiento sísmico al que decidí dar el sobrenombre de Maremoto por razones más-que-obvias, volví a verme inmiscuido de lleno en la estrepitosa vida charra. En una muestra más de que lo ocurrido se hace pasado en un chasquido, decidí aprovechar las oportunidades que el destino me estaba brindando, dejando siempre claros unos puntos concretos.Todo eran ganas de intentar por esta vez, aunque el ambiente sabía a veneno. Ácido, corrosivo, pero tan tentativo y pecaminoso... En el fondo, todo estaba empezando con buen pie; todo.
Después, noches intangibles sucesivamente satisfactorias, otras tantas de cena para uno y película. Siempre he pensado que los paquetes de palomitas de microondas no contienen suficiente para dos, y siempre acabo estallando maíces con los dientes. Es, para mi, una de las 100 sensaciones más placenteras, junto al olor a canela, o el sentimiento del primer día de clase. El caso es que me sentía tan vivo y tan pleno que todavía no comprendía porqué.
Después, noches intangibles sucesivamente satisfactorias, otras tantas de cena para uno y película. Siempre he pensado que los paquetes de palomitas de microondas no contienen suficiente para dos, y siempre acabo estallando maíces con los dientes. Es, para mi, una de las 100 sensaciones más placenteras, junto al olor a canela, o el sentimiento del primer día de clase. El caso es que me sentía tan vivo y tan pleno que todavía no comprendía porqué.
23 sept 2010
Septiembre (II)
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| Como hojas que danzan al viento así os recogerá el tiempo y os hará rodar, y rodar, y rodar... |
Las ganas de volver a empezar y esta vez a lo grande podían conmigo. Mientras calculaba con los dedos de las manos, la mirada se me perdía entre el vaivén de cosas vistas, por ver, caóticas. Si me hubiesen preguntado hacia dónde iba durante aquellos días, hubiese respondido que aunque no lo sabía con certeza podía casi palparlo. A intervalos de lluvia y aparente calma y entre calada y calada, los días pasaban por mi erosionando mis ganas sin llegar a mermarlas. Aquel final de Septiembre tenía fuerza de por sí solo, y todos podíamos salir disparados en cualquier momento. -¿Qué es esto? - Me preguntaba mientras sentía temblar el suelo; -Oh, no, dime que esto no es algo sísmico.-
Vistas desde playas astrománticas me recordaban que en mi camino me quedaban demasiadas cosas por vivir hasta llegar hasta el punto que, por fin, conseguí fijar en mi cabeza. En mi barca solo hay hueco para quien quiere remar a mi ritmo.
16 sept 2010
Septiembre
Miles de sentimientos contradictorios peleaban por hacerse con el control de mi estado de ánimo, y yo solo sabía seguir caminando hacia delante, sin pararme demasiado con ninguno de ellos para no salir peor parado. La vida se dedicó a darme lecciones de madurez cuando septiembre y su "oh dios mio" me rodeaban, así de sopetón. Yo me deleitaba a ritmo de blues en algún bar dejado de la mano de Dios, apurando un cigarrillo y alimentándome de una cuenta atrás que semejaba no acabar nunca. Me entretenía viéndome a mi mismo bajar corriendo por las escaleras desde un quinto piso lleno de disonancias rítmicas, pensando en que el surrealismo se había adueñado de mi vida desde la raíz. Por aquel entonces no cubría ni la mitad de mis necesidades primordiales, pero las sabía suplir para no darme cuenta. No demasiado. La vida a veces es mucho más simple sin tener en cuenta más variables de las estrictamente necesarias, y al aplicar esto a mis circunstancias lo volvía a poner todo patas arriba. Algo en mi cabeza no cesaba su grito desesperado, pidiendo atención primaria mientras las variables no cesaban sus movimientos imprevisibles. A mí todo aquello me volvía más loco de lo habitual; pero por alguna clase de suerte, algo en mí me obligaba una vez más a seguir adelante con lo que se pusiese en medio de mi camino hacia ninguna parte. Durante aquellos días, hubiese regalado hasta mis principios a cambio de una pequeña dosis de seguridad en mi mismo. Temblaban mis sentidos desde la primera vez que ingería líquido tras levantarme, y no cesaban hasta quedarme placenteramente dormido. Solo había algo que quería hacer, y era llegar a casa cuanto antes para tomar el último respiro.
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